martes, 22 de septiembre de 2009

LA PIEZA DE RECAMBIO

Mucho se ha dicho del carácter pusilánime de Rajoy, de su falta de liderazgo y de la blandura que caracteriza su “oposición”. Esto alimenta una opinión de él, similar a la que en su día se tuvo de Zapatero, injustamente apodado “bambi” y que, como aquella, se ha demostrado errónea por apresurada.

Es cierto que por su inacción como opositor Rajoy ha sido calificado de blandengue y el PP, de “Partido P´ayudar” y “Ministerio de la Oposición”, juicios no del todo acertados; los referidos a Rajoy porque ya hemos comprobado su carácter inflexible y totalitario, demostrado más en el gobierno de su partido, que en el ejercicio de la oposición, (avales del Congreso de Valencia, purga de María San Gil y, recientemente, Naroa Alzola, nominada democráticamente por las bases). En cuanto a las de su partido, porque no parece probable que vaya a estar siempre en la oposición; fracaso socialista aparte, las mismas esferas de poder que auparon a Zapatero, pueden tener para el PP, sin duda, otros planes.

No es indeterminación política o divagación lo que caracteriza a Rajoy; esta valoración denota una notable ceguera. La realidad es distinta e inquietante.

Venimos asistiendo a una persistente y clara mutación del “líder de la derecha” y de la ideología de su partido desde posiciones de derechas y liberales hacia otras cada vez mas propias del socialismo fabiano. El carácter gradual y de contenidos de esta metamorfosis coincide con el modus operandi de la “Fabian Society”.

Rajoy viene maniobrando para desligarse de las derechas. Le interesan sólo sus votos y cree tenerlos asegurados con el “voto útil”; el voto del miedo. En “ideología” práctica, en el modelo social y en el modelo de estado para España coincide con su teórico antagonista, el PSOE.

Las alarmas saltaron cuando desde el PP se declaró que no había especial interés en reabrir el sumario del 11-M dando por buena la increíble versión oficial, como se afirmó por distintos personajes del partido como Ruiz Gallardón. También saltaron las alarmas cuando el PP dio, tácitamente, su visto bueno a la imposición lingüística, en Cataluña y Vascongadas. Y más, cuando el propio PP la aplicó en Valencia y Baleares, curiosamente con un idioma catalanizado. Esta actitud claudicante ante el separatismo dejaba claro que la unidad nacional no es asunto que parezca interesar en Génova y que es ilusorio albergar esperanzas de que el Partido Popular, cuando gobierne, vaya a hacer nada por defenderla. Esta posición concuerda con la “Europa de las Regiones”, --contrapuesta a la tradicional “Europa de las Patrias”--, que vienen postulando los socialistas, organizaciones supranacionales y personajes como Fraga, desde los mismos inicios de la transición.

Mas recientemente, y tras una tímida protesta inicial, barones del PP, asumieron la implantación de la asignatura de EPC, sin que esa chocante deriva por parte de los terruños que gobierna obtuviera de Rajoy otra contestación que su ya conocido silencio, -mutismo-, siempre en presagio de muda. Es ahora cuando se comprueba que la posición respecto a EPC ha virado 180º sobre la de hace un año; entonces decía: “Si puedo objetar, porque es un derecho que existe, lo voy a hacer”; sin embargo en la moción del PP sobre educación, ni siquiera se alude a EPC. Es la rendición incondicional a las tesis socialistas en esta materia vital de la educación.

Viendo la evolución del PP en cuestiones fundamentales e irrenunciables, como la unidad nacional y la educación, no es difícil aventurar su posicionamiento respecto a la Ley de Memoria Histórica, síntesis del ataque a la unidad nacional y a la educación, sobre todo si se tiene en cuenta que ésta ley viene al PP como anillo al dedo para dejar fuera del debate político a las ideas y a los perseguidos por dicha Ley y, así, mantener esos votos “útiles” o “del miedo” que en gran medida tiene.

En el terreno de la economía, el reciente voto favorable del PP al PER nacional, es ilustrativo de hasta qué punto ha asumido las posturas de la izquierda, al tiempo que arroja muchas sombras sobre la posibilidad, generalmente dada por segura, de enderezar nuestra economía y devolver la prosperidad a España.

Pero sin duda la más grave de todas las posturas de la izquierda asumidas por Rajoy es la del aborto. Se ha declarado personalmente partidario de la actual legislación que contempla los tres supuestos. Lo justifica porque el Tribunal Constitucional no lo consideró inconstitucional y porque la legislación vigente lleva así más de veinte años; razones que podrán convencer a un fundamentalista de la constitución, pero no a quien, religioso o no, siga una norma moral o positiva según la cual considere inviolable la vida humana inocente.

Por si quedara duda, el PP tenía intención de no acudir, y de paso obstaculizar, la asistencia de sus miembros, a la manifestación por el derecho a vivir del 17 de octubre en Madrid, para lo que programó una Convención Nacional en Barcelona del 16 al 18. La fuerte presión cívica, que hacía temer una sangría de votos, determinó el aplazamiento de esa convención, con lo que, al menos los militantes que quieran, podrán ir a la manifestación; ya veremos cuantos jerarcas del PP asisten, Esperanza, Mayor Oreja, Pujalte y cuatro más.

Eso si, con seguridad veremos cómo presentará ante sus votantes este gesto de no interferencia, como “prueba” de su antiabortismo, entelequia inadmisible, ya que en el manifiesto de esa concentración, ¿terrible olvido?, no se pide la derogación de la L.O. 9/1985, ni de la Ley 45/2003, (Ley Pastor), hoy vigentes, avaladas por el propio Rajoy y esta última, aportación del Gobierno del PP. Podemos tener la certeza de que en caso de que la derogación de las citadas leyes se hubiera planteado, la directiva del PP habría mantenido la convocatoria de su convención coincidente con la manifestación pro-vida. ¿Alguien recuerda la actitud oficial del PP con ocasión de la anterior manifestación pro-vida que convocó Hazteoir.org?; ¿casualidad?

Lo visto hasta aquí basta para darse cuenta de que el PP, con la etiqueta centrista, se ha transmutado. Se ha adaptado al sistema dictado por los socialistas. Baila, cada vez más, al son que ellos tocan y, acaso, al son de entidades como el grupo Bilderberg, la Comisión Trilateral y la masonería, verdaderos artífices de la política de Zapatero. Es sabido que a estos centros de poder pertenecen numerosos miembros de la cúpula del PP.

Y es precisamente ése poder en la trastienda el que, desde siempre, ha tratado de instaurar en España un bipartidismo sometido y controlado que asegure un gobierno siempre favorable a sus intereses y fines. Hasta ahora habían fracasado por la intransigencia de la izquierda y la fidelidad a los valores trascendentes y nacionales de la derecha. Todo hace pensar que, por fin, han encontrado en el PSOE de Rodríguez Zapatero, al perfecto doctrino.

Y en el PP de Rajoy, la perfecta pieza de recambio.