miércoles, 13 de mayo de 2009

La inconsciencia en el siglo XXI


Nuestra tendencia a observar desde lo alto, desde lo grande, desde lo más valioso nos aparta la mirada de la esencia divina, de lo que existe desapercibido; un tornillo puede ser indiferente, pero cuantas utilidades ofrece; el trigo doblegado por el viento puede resultar poético, pero en realidad es el pan de cada día; una célula es tachada de insignificante, cuando contiene una cadena, compleja y llena de incógnitas, de ADN.

A modo global, podemos mirar nuestro mundo como una preciosa bola azul según conocemos de fotografías planetarias, pero conforme aumentamos la lente vamos descubriendo cuanto encierra lo que dicha fotografía no muestra: Vida. Y no precisa de mucho más detalle, pues la vida da paso al conocimiento, a la ciencia, al invento, a la fabricación, como también da paso al amor, al respeto, al odio, a la enfermedad…”Vida”.

Todo comienzo, todo principio, es insignificante; todo nace desde un proyecto, un pensamiento, una idea o una célula, y todo ello se desarrolla, se transforma, crece, evoluciona hasta perder su cometido, su misión, su vida.

Hoy, contamos con unos conocimientos gracias a nuestro pasado, a nuestros ancestros, a la historia humana; nuestro hoy no comenzó hoy, sino en un tiempo de “la nada” que se ha ido transformando a base de tiempo e ideas varias, pero ante todo, por un consciente raciocinio. Pero, llegados a un punto suficientemente culminante en donde ciencia e investigación pretenden dar respuesta a la espiritualidad, la única respuesta que obtengo es una excéntrica inconsciencia.

Todo lo materialmente conocido, el hombre ha sido capaz de transformarlo, desarrollarlo, pero muchas veces se olvida de darle el uso correcto o adecuado y desgraciadamente, cada día más.

He pensado mucho en la frase “Quién le pone puertas al campo…” y me he dado cuenta que todo tiene su propia parcela y todos tenemos nuestra morada, en lo personal, en lo material, en lo ético…Lo curioso es que nos negamos a ver que todo el conjunto, toda existencia, toda vida, y toda creación estaba antes que nosotros, ya estaba todo edificado, que dichas parcelas ya estaban ubicadas, en lo moral y en lo material, que todo estaba dispuesto para que así sea, y que ahora por no encontrar explicación ni respuesta científica, estamos acabando con toda ella.

Expone el hombre hoy, en museos, libros de historia, documentales, etc. los artilugios utilizados en la edad media, o épocas pasadas, de castigos, condenas, sacrificios, como si hoy pudiese “presumir” de bondad, honestidad, vergüenza, caridad, respeto, amor, libertad…

Mientras sigamos haciendo uso, al libre albedrío, de los siete pecados capitales, de poco sirve nada.

Bueno, quería centrarme en la economía española, pero de eso se encargó hoy Rajoy, que para eso es político, dando buen repaso al raposo Zorrón.