sábado, 7 de febrero de 2009

APLÍQUESE AL GUSTO


Liderar y envidiar, no es vivir en paz.

Vivía en la propia casa, de un señor muy opulento, un zapatero contento, con su suerte muy escasa.

Cantando pasaba el día, siempre alegre el zapatero, si le faltaba dinero, le sobraba la alegría, y al rico desesperaba aquel eterno cantar, que dormir ni descansar ni un momento le dejaba. ¡¡Yo te haré callara, bribón!! Y mataré tu alegría –dijo el ricachón un día- harto de tanta canción.

Y al zapatero, su vecino hizo llamar al momento, el que cantando y muy contento, al ver al ricachón, vino al momento.

- ¿Cuánto al año ganas? Le dice.

- No llevo cuenta, es según se me presenta. Unos menos y otros más.

- Pero ¿aproximadamente?

- No lo sé, señor.

- Me es extraño…

- Yo comiendo todo el año, ya está mi cuenta al corriente. Tengo dinero, lo gasto, no lo tengo, no me apuro, mi alimento es seguro. Alegría a todo pacto, si trabajo y buen humor, no envidio a gente rica, pues nunca gasto en botica, ni visitas al doctor.

- Mas… ¿si hallaras por azar un fortuna algún día, creo que te gustaría?

- ¡¡Toma!! Pues no me habría de gustar…

- ¡¡Pues toma!!

Y repleto de dinero, puso en su mano un bolsón.

- ¿Y esto a qué santo es presente?

- El que yo te he querido hacer, por el gustazo de ver como vives grandemente.

Agradeció y sin cantar. Volvió el bueno hombre a su hogar con su bolsón de dinero, dueño de tal cantidad, que nunca vio mayor. Perdió el hombre el buen humor, y la dulce tranquilidad. Desde entonces siempre temiendo, siempre vigilando alerta, siempre atrancando las puertas, siempre de las gentes huyendo, sin sueño por reposo a cantar ya no volvió; y bien pronto comprendió que, antes era más dichoso.

¡¡Jesús!! En hora menguada -se dijo el zapatero- tomé el dinero que me dio este caballero, y no me sirve de nada. Para qué quiero este oro si desde aquel triste día, he perdido la alegría, y de salud un tesoro.

Y cogiendo el bolsón, a casa del rico fue con el propósito de ir a hacer la devolución.

- Tome – le dijo- aquí está el oro que usted me dio. Le agradezco la merced, pero no la quiero ya.

- Pero, ¡¡tú eres un borrico!! ... No vi dilate mayor…

- Para ser feliz, señor, no necesito ser rico, con poco vivo aquí abajo mientras Dios no me llame arriba. Sólo quiero mientras viva: Paz, salud y trabajo. En esta breve existencia, niños hay que procurar, tener paz en el hogar, en reposo la conciencia, y afición a trabajar.

4 comentarios:

marbal dijo...

Es cierto que el dinero no da la felicidad; mientras tengas lo necesario para vivir no hay porque ambicionar mas, aunque tengo un sobrino que cuando hablamos de este tema siempre me dice lo mismo; tia, estas pensando con mentalidad de pobre, y puede que tenga razón, pero no es mas rico quien mas tiene, sino quien menos necesita.

Lylo dijo...

Querida Marbal, siempre tan acertada. Ya sabes lo que pienso del dinero, pues con estas palabras lo dejé reflejado en mi libro.
El dinero es la lejía más pura para dejar al descubierto quién es quién, la excusa perfecta para definir la calidad de vida, la herramienta más fuerte para separar a una familia, el veneno más letal por el que alguien mataría, el rey del cinismo y la hipocresía, y en verdad lo más mísero de la vida.

El dinero y la envidia, cuál peor..

Gracias, Marbal, siempre tan atenta. Un beso.

caricanoster dijo...

Apreciable LYLO
Me ha gustado leer tu trabajo que dejas compartir, que como llave de abril rejuvenece febril al espíritu cansado.
Y es que no falta decir palabra sobre el dinero, solo es un medio senil, que ataranta al mundo entero.

aida c, urrutia dijo...

Hsaa! Maribel, mira que he disfrutado tanto de tu trabajo hablando sobre el dinero. Mas tonto es el que lo rechaza. La cosa es que hay que saber administrarlo. Y esto cuesta trabajo. Por eso el holgazan: no necesita dinero.