domingo, 18 de enero de 2009

Vértigo Vital


Alguna noche al acostarme me dejo morir a la voluntad del pensamiento, por el que nado mientras vuelo. Estoy acostada sí, pero viajando por cada motivo de mi vida. Analizo a mis antecesores, sus vidas, sus propósitos y sus logros, más siempre acabo secándome las lágrimas. Cuál será el significado de la vida para el resto de personas, cuál será la razón más valiosa de su existencia... Al salir de casa como soltera, para entrar en casa propia ya casadera, sentí tal vacío que, me sentía culpable por haber abandonado mi hogar. Pedía a Dios que ante cualquier presencia de enfermedad, antes de perder a ningún familiar mío, me fuese yo antes; al poco, nació mi primera niña, y entendí el significado de mi propia familia, de mis propósitos, de mis logros, de mi existencia...Entonces, pedía a Dios por la salud de todos, y que antes de faltar una vida de mis hijos faltara la mía, eso suponía que estaba cercando a la vez que minimizando por quiénes morir....Quizás eso sea madurar o quizás sea entender que estamos aquí para subir unos peldaños a veces tan altos que nos herimos por escalarlos, pero que una vez en la cima, sólo sirve para mirar con orgullo o tristeza lo conseguido, y eso sí, para dejarnos caer en picado hacia el más absoluto desconocimiento, del que deduzco es, la gloria.

En cada peldaño no somos, sino que estamos; y estamos según somos. Los premios conseguidos no se guardan en vitrinas, nos lo llevamos consigo en la caída libre, dejando a los que quedan pensar en el sentido, en el porqué, en la verdad, en valorar lo vivido. Los que se van con el premio. Los que quedaron y disfrutaron de participar en un gran partido. Y los que por su mal latir, ni dejaron ni se llevaron la razón de vivir.

En algún momento hubo un primer día, el principio de un comienzo que yo no terminaré, pues no seré la última de una fila en la que no estaré. Y no me siento desosegada de saber que me iré, lo que realmente me da miedo es lo que me dolerá, y lo que yo pueda doler…Ese es el momento en el que nos llevamos todos los premios, a donde quiera, que quiera ÉL.

1 comentario:

marbal dijo...

No sabes lo identificada que me siento con tus pensamientos. Esa tristeza al abandonar la casa paterna para formar una nueva familia, creo que la tenemos todas, y el miedo a que algo pueda pasarle a nuestros seres queridos, sobre todo a nuestros hijos tambien.

Al final, como tu dices, nada nos vamos a llevar cuando desaparezcamos, solo la satisfacción del deber cumplido, y la esperanza de que tu descendencia continue lo por ti empezado; nada mas.