miércoles, 12 de noviembre de 2008

Abortos y abortos

Al parecer, hay abortos y abortos. Acabo de ver en el telediario, la noticia de un profesor de karate que asesinó, valiéndose de sus conocimientos de artes marciales, a su sobrina, a su mujer embarazada de siete meses y al hijo que ésta esperaba. La noticia continuaba diciendo que ahora, éste bestia, ha sido condenado por dos delitos de asesinato y uno de aborto.

Me parece nuy bien la sentencia, aunque no la condena, sea la que sea, porque en virtud de nuestro ordenamiento jurídico, balando y muelle, habrá tenido que ser, forzosamente, blanda, mas aún, ridícula en relación a la gravedad del triple crimen; al menos, según mi criterio.

De éste suceso, lo que me llama la atención y llena de asombro, es que se condene a alguien por un delito de aborto en un pais en el que han legalizado esa monstruosa práctica asesina, o dicho al revés, que si la provocación de un aborto es considerada delito por la legislación vigente, como una forma determinada de asesinato, ¿Cómo es posible que los mismos legisladores hayan dado luz verde a la despenalización del mismo en ciertos casos que en la práctica, son casi todos?. Ese eclecticismo jurídico es tan absurdo y aberrante como si se despenalizara el crímen pasional, el asesinato racista o el atraco a mano armada, con resultado de muerte, cuando los citados crímenes se llevaran a cabo cumpliendo ciertos supuestos ampliamente permisivos, por personal acreditado y en dependencias oficiales o asimiladas.

No puedo dejar de pensar que un niño nacido a los siete meses de gestación es perfectamente viable y no sólo ahora; recuerdo a un compañero del colegio que era sietemesino y con 12 años de edad estaba vivo y sano, hace 38 años, cuando la ciencia médica no estaba, ni con mucho, al nivel actual.

El hijo del canalla de la noticia hubiera vivido si le hubieran permitido nacer, exactamente igual que tantos niños, casi totalmente formados, que son descuartizados o abrasados vivos por órden de sus madres y bajo el amparo de leyes injustas dictadas por un sistema político y un gobierno ilegítimos, por inícuos y genocidas y la complacencia de una sociedad en parte adormecida y en parte degenerada.

Pocas esperanzas hay de que esas gentes caigan en la cuenta de la realidad de lo que tan cínica y eufemísticamente llaman "interrupción voluntaria del embarazo"; si no son capaces de percibir ésa realidad cuando se trata de un niño casi totalmente formado, imposible hacersela ver en relación a una mórula.